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Croiset el Clarividente

LOS OJOS DEL MILAGRO
CROISET EL CLARIVIDENTE
(En seguimiento de J. H. Pollack)


¶ S.Eduardo Mendoza M

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[Caso de Muestra C9]
[Escépticos-&-Críticos]

Capítulo IX
UN BUQUE QUE NO PODÍA ZARPAR
[Caso de Muestra]

Como nación dedicada tradicionalmente al tráfico marítimo, Holanda posee muchos buques de carga, barcos fluviales y otras embarcaciones que parten desde sus ríos a todos los países del mundo. La tierra es tan baja en Holanda que estos altivos buques a menudo se deslizan sobre el agua en un plano más alto que el paisaje holandés, creando una suerte de espejismo.

En el varias veces centenario puerto de Zwijndrecht, sobre el río Maas, en Holanda meridional, el María Judith, un pequeño buque que llevaba en sus bodegas carga perecedera, quedó detenido tres semanas debido a inconvenientes mecánicos. Los ingenieros de máquinas no podían hallar la causa del desperfecto.

El lunes 30 de junio de 1958, el capitán del buque, Willem Jansen, por sugestión del profesor Tenhaeff telefoneó a Croiset el Clarividente a Enschede, distante ciento doce millas.

"Nuestro barco está detenido en el puerto y no podemos hacerlo marchar", explicó el desesperado capitán. "Hay algún desperfecto en el motor, a pesar de ser éste prácticamente nuevo. Hace tres semanas que estamos aquí y lo hemos intentado todo. Los ingenieros no pueden encontrar el desperfecto. Nuestra carga se está echando a perder. Si no zarpamos pronto, perderemos gran parte de nuestro beneficio. ¿Por favor, puede usted ayudarnos, señor Croiset?"

Gérard Croiset nunca vacila en ayudar a un compatriota que se halle en apuros. "Veo dos motores", comenzó. "Están con las trompas hacia el buque y las tapas de los cilindros miran hacia la proa del buque. ¿Estoy en lo cierto?"

"Sí".

"Muy bien", dijo Croiset. "Baje a la sala de máquinas donde están los dos motores. Mire la parte trasera del motor que está a la derecha. Encontrará un tubito que me recuerda el sifón de un excusado. En ese tubo hay una rajadura. Sólo la encontrará poniendo en marcha el motor. Por allí se produce un escape de vapor. Compruebe lo que le digo y hábleme luego por teléfono".

Dos días después, el agradecido capitán Jansen volvió a telefonear e informó que el motor funcionaba ahora perfectamente. La rajadura que Croiset había visto estaba en el lugar preciso que él había indicado. No más gruesa que un pelo, no podía advertírsela a menos que se hiciera pasar nafta por el tubo a gran presión. Había sido descubierta en el perno del tubo que Croiset había descrito. Los ingenieros la soldaron y el motor quedó como nuevo.

Quien reparó la rajadura, el señor Dengerink, gerente de la firma J. Dolderman e Hijo, de la cercana ciudad de Dordrecht, también telefoneó a Croiset para agradecerle. Durante la reparación, el sensitivo le había impartido, así como al capitán Jansen, detalladas instrucciones por teléfono.

Dos meses después, el 5 de setiembre, el doctor Tenhaeff visitó la firma Dolderman en el Nº 13 de Binnen Kalkhaven, de Dordrecht, a fin de grabar el testimonio del gerente. Entre otras cosas, el señor Dengerink dijo: "Francamente, las indicaciones del señor Croiset me causaron cierta molestia porque tuve que mandar hacer abrazaderas y retenes especiales... Pero me dieron la idea de provocar presión con oxígeno. Calentamos el cilindro a fin de que tuviera una temperatura de trabajo. Sólo entonces comenzó a producirse el escape de vapor".

"Tengo entendido que le resultaron útiles los hechos que le comunicó el señor Croiset", replicó el director del Instituto de Parapsicología.

"Positivamente útiles, profesor".

Al sintetizar el caso, el doctor Tenhaeff escribió: "Si bien muchos pueden considerar que este es un caso de clarividencia, por mi parte estimo que la Visión de Croiset es un caso de telepatía. Conforme a la respuesta del señor Dengerink a la señorita N. G. Louwerens, hay una razón para presumir que tuvo una fuerte impresión de que la rajadura estaba en el tubo pequeño. Había esperado equivocarse porque localizar una de esas rajaduras en un lugar como aquel constituiría una tarea tediosa. Sin embargo, cuando Croiset mencionó también esta rajadura, el señor Dengerink se sintió fortalecido en sus conjeturas y ordenó la fabricación de abrazaderas y retenes. Pero de no haber sido por la intervención de Croiset, que incitó a obrar de una vez por todas al señor Dengerink, la investigación hubiera sido mucho más costosa y hubiera llevado mucho tiempo, o el capitán hubiera debido comprar otro motor".

Haya sido telepatía o clarividencia, la llamada telefónica a Gérard Croiset ahorró tiempo y dinero.

Fuente: Pollack, J.H.(1967):
"Los Ojos del Milagro. Croiset el Clarividente"
Editorial Sudamericana

Pp. 233-5.


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